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domingo, 1 de enero de 2012

EL NIÑO CON EL PIJAMA DE RAYAS (THE BOY IN THE STRIPED PYJAMA)



SINOPSIS. La trama nos sitúa en el Berlín del año 1942 aproximadamente. Basándose en el libro de John Boyne, el director, Mark Herman nos presenta a Bruno (Asa Buttefield), un niño de 8 años e hijo de un oficial alemán perteneciente a las SS vive la guerra desde su infantil y alegre visión del mundo, sin mayor preocupación que su propia diversión. Todo cambia cuando su padre es elevado de rango con el consecuente cambio de funciones, lo que obliga a toda la familia a abandonar su hogar y mudarse a una mansión situada en el campo. Allí comienza una nueva vida en la que la familia comienza a adaptarse. No obstante, Bruno empezará a darse cuenta de que su visión del mundo no encaja del todo con la realidad y comienza a experimentar cierta curiosidad sobre lo que le rodea, sobre todo una vez que conoce a Shmuel (Jack Scanlon) un niño judío de su misma edad pero que vive en unas circunstancias totalmente distintas.


LO MEJOR DE LA PELÍCULA. Estamos ante una película que, dadas sus pretensiones (que luego se analizarán), prescinde de los más elementales y necesarios elementos que pudiesen otorgarle un grado cualitativo digno en cualquier aspecto, puesto que además la ausencia de combates o refriegas contribuye notablemente a ello. No obstante lo cual, pueden reseñarse la atención puesta en los uniformes de los oficiales de las SS, con una correcta distribución de enseñas en galones y solapas, así como los bien recreados ambientes interiores en las grandes reuniones familiares y una cuidada fotografía.


LO PEOR DE LA PELÍCULA. Casi podría decirse que lo peor de esta película es la película en sí mismo considerada. Una película basada en la explotación comercial del Holocausto judío, en la lagrimería fácil y una pretenciosa sensiblería adoctrinadora no merece menos, toda vez que no hace sino traer a colación aquella máxima que una vez pronunció cierto analista cuando dijo que la cruz gamada en un libro (y por extensión, en una película) potenciaba la comercialización del mismo. He aquí que lo mismo acontece en esta película en particular y en esta forma de hacer cine en general. Sólo a base de inexactitudes, frases sueltas cuyo contenido se quiere dejar sobreentender al espectador e imágenes de contenido tan pretencioso en lo moral como falso en lo histórico, se pretende azuzar las conciencias y catalizar la cuestión del Holocausto tan desgastada. Abusa de las frases que se dejan sobreentender en demasía e incluso escenas inconclusas cuyo término se deja a la ya condicionada imaginación del espectador.No busca tanto criticar falsamente el nacionalsocialismo, que también, sino seguir en ese iter creador de simpatía para con ciertos intereses del presente, zahiriendo la conciencia del pretérito y utilizando la muerte de personas como motor de pretextos políticos con base en hechos pasados cuyas sombras no han sido disipadas. Se trata de una suerte de peligroso cine político, que pone de manifiesto que los hechos del pasado son claves en la configuración del presente (verbi gratia, Palestina), y de ahí que su esclarecimiento se erija como ardid clave de un juicio de los hechos que a lo largo de los años y desde la Segunda Guerra Mundial han venido sucediendo. Lo malo, llegados a este punto, la propia conciencia engendrada por esta suerte de películas, cercena ese cauce. Veritas liberabit vos.


COMPARACIÓN. Por insultante que resulte para la comparada, no pueden negarse los parecidos de raíz que “El niño del pijama de rayas” guarda con “La vida es bella” de Roberto Benigni. Pero no hay color. Mientras la primera se centra en una suerte de lagrimería fácil y gratuita sobre el pretexto único y exclusivo del Holocausto (fuera del cual carecería de sentido y no resultaría entendible), la segunda consigue tocar la fibra sensible del espectador reflejando de un modo único en la historia del cine bélico el lado amargo de las guerras sirviéndose del en el contexto de la Segunda Guerra Mundial y del cautiverio de unos prisioneros de los alemanes (y sin dar cabida a exageraciones históricas) pero que perfectamente sería trasladable a cualquier otro bando o momento histórico. Es la diferencia entre el arte del cine de buena factura y el cine puramente comercial, con la particularidad de que ambos toman el mismo tema como ámbito del desarrollo de sus historias. El fenómeno del Holocausto es tema común en el cine y se presta a la sobreexplotación con películas equiparables a las que se acaban de referir, pero siempre por debajo de la altura del listón de “La vida es bella”, como puede ser “Sin destino”, también centrada en la óptica de un joven judío u otras de un cariz similar.


HISTORIA. Al pasar “El niño con el pijama de rayas” por el tamiz de los hechos históricos se hace obligatoria la referencia al fenómeno del conocido como Holocausto judío en la Segunda Guerra Mundial a manos de los nazis y sus SS. Un tema muy manido en el cine, pero que no lo es menos en la Historiografía si bien desde un punto de vista menos ocioso dadas las controversias que plantea. Es imperativo poner de relieve que en este espacio no se pretende dar cabida a ninguna tesis que no tenga sustento histórico, sino simplemente plantear un debate acerca de unos hechos, a la vez que arrojar luz sobre los mismos, dado que es un tema tabú en casi cualquier orden de la vida aun para los historiadores que, por su oficio, pretenden conocer más a fondo acerca de esta cuestión pero que topan con las barreras de la interdicción mediática.


Es menester, pues, a este respecto comenzar por un sucinto análisis de la cuestión cuantitativa del Holocausto. Las fuentes oficiales han venido mencionando históricamente la cifra de los 6 millones de muertos judíos (en una guerra en la que murieron 60 millones de personas) en los campos de concentración alemanes, de los cuales, a título de ejemplo, cuatro de ellos fueron masacrados en Auschwitz y casi un millón en Treblinka. Hasta aquí todo parece claro y es hasta ahí donde sólo llega, y permite llegar la Historia oficial. Un mínimo de análisis sobre esas cifras no hace sino ensombrecer su pretendida claridad.

Pero, se parte de un vicio inicial, dado que nunca ha sido hallado el documento que pruebe la existencia de órdenes de tal "exterminio", aunque sí de deportaciones. Sólo se arguyen malévolas interpretaciones o lecturas entre líneas  como pruebas de un hecho de tan notoria y clara realidad. Los rusos alegaron en Nuremberg que los alemanes habían quemado la documentación al abandonar el campo de Auschwitz, dándose por probado el contenido de unos documentos que no pudieron ser aportados al proceso; sin embargo, con la caida de la Unión Soviética aparecieron numerosos documentos sobre el campo, ninguno de los cuales daba por buenas las tesis oficialistas obre las órdenes de exterminio, motivo por el cual el hecho de tal aparición fue silenciado.

Por un lado, aritméticamente no es dable la magnitud de esa cifra, toda vez que en toda Europa había entonces unos 5.800.000 judíos (así lo constatan los datos la Enciclopedia Británica, de la organización Sinagogas de América y otras fuentes). Y esa cifra incluye, la población judía desde España a los Urales, es decir, que incluye la población de países que no fueron ocupados por Alemania así como los judíos que emigraron a otros países, por lo que se trata, en suma, de un imposible aritmético. Además, aun persistiendo en la cifra de los seis millones de judíos muertos en el Holocausto, la cifra oficial ha venido siendo reducida veladamente desde los 6 millones supuestamente oficiales pasando por los 300.000 que recontó el noticiario británico Welt in Film hasta los apenas 75.000 que apuntó el diario alemán Frankfurter Rundschau a finales de los noventa. De este hecho ha dado buena cuenta la placa conmemorativa de lo acontecido en Auschwitz la cual ha tenido que ser cambiada en diversas ocasiones dado lo indeterminado de la cifra; la que manifestaba que allí habían perecido 4 millones de personas no tardó en ser substituida por otra en la que reducía tal cifra a millón y medio. Además, hay que tener presente que la manida cifra de los 6 millones era conocida, y manejada como tal por la propaganda, antes del desmantelamiento de campos de concentración como Auschwitz, tal y como consta en los diarios de la época. De facto, se trata de una cifra manejada ya en el ocaso de la Gran Guerra, pero que no cuajó en la opinión pública.


Lo que en ningún caso se menciona es el hecho de que los que tristemente allí perecidos lo fueron por causas diversas. En la Europa de la guerra, como suele acontecer en los territorios en periodo bélico, se desató una epidemia de tifus, una enfermedad transmitida por piojos o pulgas, para cuyo tratamiento se utiliza un gas licuado derivado del ácido cianhídrico llamado Zyklon B. Además, en los campos de prisioneros, se adoptan otro tipo de medidas como el corte de pelo a los presos y el cambio de su ropa por uniformes de presidiarios previamente higienizados estés. He aquí que para esto resulta útil dicho gas aplicado sobre los uniformes actuando como desinfectante, si bien resulta muy tóxico (bien que los testigos de los juicio de Nuremberg afirmaron que los soldados no llevaban máscaras ni protección alguna). Supuestamente, se trata del gas utilizado por los nazis para llevar a cabo el exterminio de los judíos, pero biólogos e investigadores que se han centrado en la cuestión (como Germar Rudolf o el historiador judío Norman Fingelstein) han hallado pruebas evidentes no sólo de la imposibilidad de que se hubiera podido cometer un exterminio por medio de aquel gas, sino que éste no pudo haber sido nunca utilizado en lo que hoy se muestran como cámaras de gas. En este sentido, resulta providencial traer a colación el Informe Leuchter, aportado por el especialista canadiense en cámaras de gas Alfred Leuchter en la causa seguida contra el historiador Ernst Zundel por negar el Holocausto. Pues bien, dicho informe aportado como prueba al proceso, con el objeto de dilucidar si la tesis defendida por el historiador tenía base suficiente, pone en evidencia que en lo que hoy se muestran como las cámaras de gas de Auschwitz nunca se utilizó el Zyklon B. Y no pudo serlo porque se trata de un gas de fácil impregnación (caracterizado por dejar un rastro azul), y de las muestras tomadas por el señor Leuchter en Auschwitz sólo aquellas tomadas en los cuartos de la ropa, y no las de las cámaras, tienen rastros del gas. Tal informe, muestra además, comparándolas con las cámaras de gas actuales presentes en Estados Unidos, cómo las supuestas cámaras de gas de los campos alemanes no podían servir como tales por sus características. Aun cuando el Zyklon B pudiese prestarse para el asesinato en masa de personas la base para que el gas pudiera ser efectivo en ese sentido no se cohonesta con la existencia de paredes mal hermetizadas, rendijas bajo las puertas, ventanas sin especificidad alguna o con la ausencia de un sistema de elevación de temperatura o sistemas de aspersión y dispersión del gas. Hay que añadir una nota curiosa apreciada por el técnico en su informe; y es que se afirma que las cámaras de gas de Auschwitz se llenaban de personas hasta tal extremo que muchos morían directamente por asfixia algo que al señor Leuchter no le cuadró demasiado con las circunstancias reales de la supuesta cámara de gas del Auschwitz-Bierkenau: la puerta de éste, tal y como está, se abre hacia adentro, lo que imposibilitaría la recogida de los cuerpos.

A ello cabe sumar mayores desazones aritméticas que provocan las incongruencias. Cabe señalar que los crematorios no estaban presentes en apenas algún campo, aun cuando según lo constatado en la pantomima de los juicios de Nuremberg, estaban presentes en todos los campos dado que así lo afirmaban diversos testimonios. Testimonios que aseguraban la presencia de hornos crematorios allí donde nunca existieron, según se ha constatado, pero cuya validez procesal no fue nunca desestimada aun cuando diversas personas fueron condenadas a muerte en base a esos mismos testigos. Un buen ejemplo de tal circunstancia fue Ernst Kaltenbruner, comandante de las SS en Mathausen, de quien se aseveró que él mismo arrojaba los cadáveres al horno crematorio, cuando se ha aceptado que en aquel nunca hubo tal dispositivo. En otro orden de cosas, y ateniéndonos al sólo ejemplo de Auschwitz (en donde efectivamente había un rudimentario horno), cabe señalar la imposibilidad de que se quemasen todos los cuerpos que se afirma que allí se cremaron. Y ello porque, aun con la capacidad de un horno crematorio actual (dos o tres cuerpos por día), supondría que tal horno habría de estar quemando cadáveres día y noche hasta 2048, y aún más si, como se afirma, antes de cremarlos se le extraían as piezas dentales de oro (algo que a un especialista y con el material adecuado le supone al menos quince minutos) o extraerle la grasa para hacer jabón. De cumplirse los términos cuantitativos en relación de personas y espacio en la cámara de gas de Auschwitz ello supondría que habrían de llenar de prisioneros la cámara de gas a razón de 33 personas por metro cuadrado, lo cual supone un nuevo imposible. Lo que llama poderosamente la atención en estos términos es que en las fotografías del campo de Auschwitz obtenidas por los bombarderos B-17 que volaron sobre él no sólo no se aprecia rastro del humo de unos hornos que según los supervivientes funcionaban día y noche, sino que ni siquiera se advierte la existencia de chimeneas. Por ello, resultan fuera de todo lugar esas imágenes tan frecuentes en el cine, con chimeneas industriales saliendo del tejado de los hornos crematorios.


Fueron precisamente tales bombarderos, hecho al que no se alude nunca, los que, al bombardear las vías de comunicaciones alemanas, imposibilitaron la llegada de víveres a los campos de trabajo, lo que ocasionó una epidemia de hambruna y azuzó el maceramiento de la cepa de tifus que padecieron tanto los presos como los soldados, si bien se cebó especialmente con aquellos aunque éstos hicieron lo posible por hacer sostenible la situación.

Lo que está fuera de toda duda, aunque en el film se incida en ello, es la posibilidad de que con los cadáveres los alemanes produjesen jabones o hiciesen botones de camisas. Y esta es una circunstancia de cuya inexistencia han dado buena cuenta los historiadores revisionistas y una verdad a la que hasta los más recalcitrantes holocaustólogos se han avenido. En verdad, se trataba de propaganda de la Primera Guerra Mundial, de la que el propio Churchill manifestó dudas en lo tocante a su credibilidad (“No sé por cuanto tiempo podremos mantener esto”, dijo), pero utilizada para legitimar su propia causa en los momentos más críticos convirtiendo en su caballo de batalla aquello de que “La mejor distracción es la propaganda de las atrocidades del enemigo”.

Es por tal razón que podemos dar un crédito inatacable a lo que la historia oficial y mediática nos vende o, como seres racionales, plantear las cuestiones so pretexto de poder determinar lo que fue cierto y lo que no de la Segunda Guerra Mundial. Si de ello sale apenas una cuestión en claro, este espacio habrá cumplido su cometido para con la Historia, siempre dentro del constitucional derecho a la libre conciencia y conocimiento en contra de la cual no cabe establecer prohibiciones sobre aquellos terribles acontecimientos que la Historia oficialista no quiere ni permite aclarar. Y es que el Holocausto, y la verdad sobre su magnitud, son la base jurídica sobre la que se asienta la creación de un Estado y un nuevo orden en oriente a favor de aquel. En otra entrada se hará la pertinente alusión, y con el detalle que merece, a los “juicios” de Nuremberg, otra pieza de este puzzle mediático.



APARTADO TÉCNICO. Nulo. La línea seguida por el filme y sus fines de explotación comercial del Holocausto conlleva, a la postre, y como suele acontecer con estas películas, una dejadez en lo técnico-militar que la desacredita como película bélica. Apenas algún Mercedes de época y la aparición fugaz de una MG-42 en una moto sidecar constituyen el limitado catálogo armamentístico de “El niño con el pijama de rayas”.


ERRORES. En relación con lo antedicho en las circunstancias históricas, se aprecian errores de calado por doquier. Así, por ejemplo, se aprecia cómo las cámaras de gas que aparecen en la película semejan auténticos pabellones cerrados herméticamente, lo cual, por lo referido anteriormente, es falso. Por lo demás se aprecian errores de lógica, siempre al servicio de hacer todo más tristemente simbólico; buen ejemplo de ello es la ventana elevada del cuarto de Bruno desde la que se ve el campo, que se empeñan en taparle, cuando habría bastado con cambiarle de cuarto. También llama la atención el hecho de que la abuela de Bruno increpe continuamente el uniforme del padre del niño, dado que era lugar común en la mentalidad alemana que la pertenencia al oficio castrense, tan arraigado en ellos, fuese motivo de orgullo.


LA FRASE. “Mi padre es soldado pero no de los que quitan la ropa a las personas porque sí. Se encarga de hacer que todo sea mejor para todos.” (Bruno). Esta frase resume perfectamente la esencia de lo que la película pone sobre la mesa: frases de sobreentendimiento fácil para quien no está ducho en el tema so pretexto de agitar la conciencia del espectador sobre tales hechos poniéndolos en el papel dócil e inocente de un niño, aunque su verosimilitud brille por su ausencia. 


PARA QUIEN. Buena película para quienes busquen un análisis de la perspectiva psicológica ante el fenómeno de la muerte o, mejor aun, para quienes busquen la perspectiva más abrupta de la cuestión del Holocausto (en el sentido de que se aborda de una forma pretenciosamente comercial). Por lo demás, sin valor a la luz de un análisis del fondo histórico o de la perspectiva militar, carece de valor.


VALORACIÓN. Pese al buen papel de Assa Buttefield, y algunos puntos muy concretos de la película, no puede menos que hacerse una calificación negativa de esta película en particular y las de su tipo en general. Y es que, por un lado, comercializar el fenómeno de la muerte de personas, bien pensado, no deja de ser algo macabro si no se maneja la cuestión con la “cintura” que merece el tema. Por otro lado, por que parece que se pretende poner en alza una constante: el hecho de que la muerte de una persona vale más en función de su condición o de su raza, así como en función de quien sea el victimario; hecho que supone poner el acento en las causas y no en el fallecimiento en sí, trivializando unas muertes y ensalzando otras. En definitiva, cine no recomendable y un deleznable desprecio para quienes gustan del cine bélico en estado puro y sin injerencias.

26 comentarios:

  1. Le felicito señor Wittman, su impresionante sabe de la historia del nacionalsocialismo alemán hace de crítica cinematrográfica sea una fuente de conocimiento bélico.

    Sin embargo, no acabo de entender su interés por criticar la utilización del holocausto como herramienta de atracción hacia el film por dos motivos: el primero viene derivado del contexto situacional, le debo recordar que sus comentarios tienen lugar en un blog de cine bélico en el cual no hace otra que analizar películas con ese mismo trasfondo y, en segundo lugar, porque en ningún caso en ”El niños con el pijama de rayas” se aportan datos cuantitativos ni subjetivos de la actuación nazi durante su existencia tal y como, por sus conjeturas, se podría deducir. Por el contrario, el film simplemente basa su escenario en un ambiente hostil en el cual contextualizar la historia.

    Por este motivo, no logro encontrar la concordancia entre su comentario y la película en si. La esencia de la misma es la triste historia de un desafortunado cúmulo de paradójicos malentendidos que acaban con la vida del hijo de un oficial alemán. Ésta es la verdadera estrategia cinematográfica (no como usted asegura: “la lagrimería fácil y pretenciosa sensiblería”) la cual no tiene un carácter innovador ya que es utilizado en muchas de las películas actuales, sobre todo con temática humorística.

    Además, el hecho de que la película fomente la superioridad de razas está totalmente fuera de lugar, es más crítica esta fundamentación nazi al presentar la inocencia infantil como base de la relación de amistad entre ambos protagonistas. Si bien es cierto que, en el film, la vida de Bruno vale más la de Shmuel, como es lógico, para la familia del primero, esto se entiende dados los lazos de parentesco existentes sumado al desprecio a otras razas.
    Finalmente, para acabar mi comentario me gustaría añadir que no debe usted olvidar la naturaleza de “El niño con el pijama de rayas” ya que esta trágica historia no ha sido creada con el objetivo de su explotación por medio de la industria cinematográfica sino que ha sido escrita por el irlandés John Boyne no para posicionarse ante la segunda guerra mundial sino que, en palabras del autor: “Desde luego, no era mi intención hacer una “revisión literaria del Holocausto”, ya que semejante idea hubiera sido muy extraviada. Mi único objetivo, pasaba por componer una novela para los lectores más jóvenes, que comenzaban en el colegio a aproximarse a aquel momento histórico. Confiaba en que la amistad entre Bruno y Shmuel fuera una primera aproximación, un punto de arranque, que les llevase más tarde, a averiguar lo que sucedió, realmente, durante le genocidio nazi.”

    Por tanto, ante esta perspectiva, se ve que la intencionalidad de este autor no difiere de su opinión histórica, sino que, por el contrario es su falta de entendimiento con respeto a la esencia de film lo que ha llevado a la creación de este crítica infundada que usted nos presenta. En sus futuros comentarios le recomiendo que se ciña en realizar un verdadero comentario crítica del film en sí (aspecto que he echado en falta ya que lejos de ello no se contempla ni una síntesis completa del mismo) en lugar de hacer un análisis de la historia totalmente fuera de lugar tomando como base el más que justificado contexto de desarrollo de la película. A pesar de todo, debo concluir diciendo que, si bien lo que usted ha dicho no me ha servido para entender mejor la película, como explicación histórica alternativa del movimiento nazi es excelente y, cuando el objeto de estudio sea este, no dudaré en revisar su reflexión.

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  2. Buenas anónimo.

    Gracias por el comentario y por ese acervo crítico pues, este blog también está para eso y, si puede ser, mejorarse a sí mismo.

    Yendo al núcleo del asunto, sí es cierto que me dejé en el tintero la reseña al libro del que parte, aunque nunca he considerado como estrictamente necesaria la referencia a un libro para analizar la película. En todo caso, sí es de recibo.

    Lo de la inclusión del Holocausto en la entrada, guarda una sencilla y prosaica explicación. No sé si te has fijado pero este blog se contextualiza en la Segunda Guerra Mundial, tal y como indica en su cabecera. Ello obliga a hacer referencia al contexto en el cual se ubica la película analizada (en el presente caso, el Holocausto), y con mayor razón cuando se incluye expresamente un apartado dedicado a las circunstancias históricas, en el que parece que te has centrado. Podría dedicar ese punto titulado "Historia" a un análisis de la musicalidad de las escenas o a la elegancia de las vestimentas, pero creo que no respondería a las expectativas. No se trata de que en la película se contextualice (muchas de las que se analizaron y analizarán en este blog no lo hacen) sino de precisamente situar las escenas en un ámbito histórico y enmarcar la película en el entramado de la Segunda Guerra Mundial que, como sabrás, es harto complejo. Y ese es precisamente uno de los humildes objetivos de este espacio. Que guste más o menos, es otro cantar, aun a pesar de las palabras del autor de la obra literaria.

    Que el aspecto más crítico del film sea su contextualización es algo subjetivo, pero no por ello gratuito como se dice en la entrada. Cada cual puede tener su propio juicio acerca de "El niño con el pijama de rayas" (juicio cuya constancia animo a dejar aquí a quien quiera). Lo que en ningún caso se hace es abrazar teorías nazis, como usted sugiere, y muchos menos a medio de "críticas infundadas". Si alguien no quiere ver la realidad de los HECHOS que arriba me he limitado a exponer, es algo respetable puesto que aquí no se obliga a nadie a someterse a ninguna suerte de ideología; todo lo contrario, lo que se pretende es que cada uno dé su opinión y así, como digo en la entrada, arrojar luz sobre los temas que las películas permitan traer a colación.

    Por lo tanto, y agradeciendo su sugerencia, seguiré analizando las películas tal y como lo he venido haciendo puesto que esa es la sencilla estructura de este blog y precisamente para ello se organiza así: para que cada quien pueda elegir el aspecto que más pueda interesarle. Todos los que han tenido a bien el dejar su opinión en este blog lo han considerado acertado, motivo por el cual, con todos los respetos, seguiré comentando las películas de tal modo.

    Un saludo y, de nuevo, gracias por la crítica.

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  3. Enhorabuena Wittmann, veo que finalmente le has dado a la tecla y has añadido un título más a tu ya de por sí imprescindible, en cuestiones belico-cinematográficas se refiere. Yo, que leo con gran placer tus contribuciones, no tengo por menos que felicitarte por éte último título que si bien a mi mujer la hizo llorar a moco tendido, a mi me dejo más chusco que un trozo de pan mohoso.

    Donde se ponga un avance naval, en carro o aereo, que se quiten los campos de concentración.

    A seguir así machote.

    Un saludazo.

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  4. Buenas amigo C S Peinado.

    Pues sí, poco a poco vamos avanzando y a ello me animan aportaciones como las que siempre has hecho en este espacio. Gracias.

    "El niño con el pijama de rayas" es un drama lagrimero, eso me era conocido y quizás a tu mujer le pareció buena, hecho que es de respetar. Lo que no me esperaba, porque en ese género y en este ámbito de la SGM los hay magistrales, es que una película pudiese resultar tan pendenciera en su trama. Es por ello que, como apuntas, por lo de pronto, preferiré aquellas en las que el elemento técnico tenga un mínimo de consideración en su producción. En esta se prescinde de demasiado para, al final, ofrecer apenas nada.

    Un saludo.

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  5. En el aspecto que citas de falta de carácter bélico, Wittmann, la comparo con la Lista de Schindler, la cual, sin ser puramente del género se recrea en todo lo que significó, desde el punto de vista de ls "Solución Final", el Tercer Reich.

    En ese caso creo que, a nivel documental, la referida Lista de Schindler está mucho más acertada que la del Niño del Pijama de Rayas. Pero eso es cómo todo, para gustos, colores.

    Un saludazo.

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  6. Buenas C S Peinado.

    Es cierto que el carácter bélico de estas producciones más melodramáticas es menor, lo cual no impide que se tenga cierto cuidado en lo tocante a la ambientación. "El niño con el pijama de rayas", personalmente, le veo más semblante, como digo en la entrada, de "La vida es bella" pero el caso es que ésta no descuida nada en el atrezzo técnico y su forma de sensibilizar al público tiene una creatividad de sacarse el sombrero; mientras, la otra se desentiende de cualquier cosa que no sea incidir en el tema del Holocausto y de un modo tan comercial como zafio, buscando la sensiblería más rastrera y carente de imaginación. Son, en suma, dos modos de crear y, bajo mi criterio, muy diferentes en lo cualitativo.

    Un saludo.

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  7. Tienes toda la razón. La vida es bella al final te deja un poco choff, al igual que ésta. De todos modos es lo que yo digo, para gustos colores.

    Por otro lado mis disculpas por no haberte contestado los comentarios con la premura que debiera de ser correcta. Tengo muuuuchos probleeeemas... Jejeje. Nada grave tranquile y espero ir cogiendo la velocidad de crucero poco a poco.

    Un saludazo.

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  8. Wittman, es Ud.un excepcional comentarista de películas bélicas, su reporte, incluyendo la correctísima apreciación sobre lo que el sentido común nos dicta en el tema holocausto, es simplemente invalorable.

    Lo felicito y espero que pronto tengamos nuevas películas bélicas para comentarlas.

    tomkat

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    Respuestas
    1. Muy buenas Tomkat.

      Gracias por los elogios que me dedicas pero, en realidad, todos los comentarios y entradas que vierto en este espacio no hallan su sentido sino a través de la lectura, confrontación y análisis de quienes os dejáis caer por estos lares. Desgraciadamente, uno no siempre dispone del tiempo que requiere un análisis detallado de cada una de las películas bélicas, dado que el detalle de cada uno de los puntos que se analizan en este blog suele exigir un nuevo visionado. No obstante, intento actualizar todo cuando puedo para mantener con vida este espacio. Muchas gracias.

      Un saludo.

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  9. es la ejor pelicula que he visto.
    FELICIDADES.

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    Respuestas
    1. Buenas Anónimo.

      Lamento no compartir tu criterio. Obviamente, tendrá sus puntos positivos pero, bajo el tamiz de un análisis serio en términos históricos y bélicos, son imposibles de encontrar. El hecho de manejar la mente del espectador con escenas lacrimógenas hasta la saciedad no la convierten en una gran película. Pero, como siempre se ha dicho, para gustos existen colores.

      Un saludo.

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    2. ya lo se....mi padre es el director

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  10. como se llama el judio(el chico) esque no me acuwerdo:S

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  11. Wittman se que no va con el tema de la pelicula pero quisiera preguntarle que libro me recomienda sobre el tema del Holocausto que usted sepa que esta bien es que me he quedado muy sorprendido de como hace ese analisis a la pelicula y cuando he terminado de leer lo que ha escrito he dicho pues dice toda la verdad, quisiera saber si me puede recomendar un libro . GRACIAS

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    Respuestas
    1. Buenas Anónimo.

      En lo que toca a mi entrada, no se trata tanto de que uno lo considere la verdad o no, sino de, a la hora de valorar los acontecimientos, poner sobre la mesa hechos no tan conocidos que puedan ser objeto de enjuiciamiento por el lector que, por desgracia, no tiene más acceso que a aquellas fuentes que la Historiografía oficial permite. Las conclusiones ha de sacarlas cada uno.

      Por lo demás, aunque, como digo, no gozan de difusión dada la censura que sobre ellos se cierne, el catálogo de autores que han estudiado el tema desde una perspectiva "diferente" a la oficial es muy amplia (muchos de ellos se hallan procesados o en prisión por el hecho de difundir tales obras). Algunos abordan el tema lisa y llanamente (como "La industria del Holocausto" del historiador judío Norman Finkelstein), otros autores lo hacen desde un punto de vista científico (Germar Rudolf o Ernst Zundel, son buenos ejemplos), autores como David Irving prefieren una óptica comparativa, etc. A modo de compendio-resumen, te recomendaría "Exterminio o catástrofe" del historiador Alfonso Chapa que, en dicha obra, analiza diversas obras poniéndolas en contraste con la Historia oficial y resulta sumamente interesante. Ahora bien, que puedas conseguir estos libros, ese es "otro cantar". Espero haberte servido de ayuda.

      Un saludo.

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  12. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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